Mshatta fue descubierta a los ojos occidentales a comienzos
del siglo XX y sería el historiador austriaco Josef Strzygowski quien informara
de su existencia a Wilhelm von Bode, creador del departamento de arte islámico
de los Museos Reales de Berlín. Bode, importante coleccionista de alfombras
islámicas, inmediatamente comenzó los contactos para adquirir la fachada
jordana y pidió el apoyo del Emperador Guillermo II, lo que devino en la
entrega como regalo personal del sultán otomano Abdul Hamid II en 1903. Hay que
tener en cuenta que en esas fechas la difícil política exterior otomana, tenía
en la amistad del Kaiser Guillermo II uno de sus principales valedores.
Aportando Alemania una continua asesoría militar y financiera, así como
inversiones en transportes. Además, los restos de Mshatta se consideraban de
época persa y además estaban cuajados de molestos relieves paganos que con toda
probabilidad no agradaban al sultán Abdul Hamid II que durante su reinado
siempre fomentó el culto islámico y el cumplimiento de sus preceptos frente a
judío, cristianos y ortodoxos. De este modo en 1903 la mayor parte de la fachada del
palacio jordano se encontraba depositada en la capital alemana y allí ha
subsistido en el Museo Kaiser-Fiedrich, en un principio, y en el Pérgamo desde
1932, resistiendo los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial,
en los que pereció una de las torres.
![]() |
| Fotografía: José Vallejo en octubre de 2011 |
La fotografía muestra el encuentro entre dos tramos bien diferenciados de la muralla: la parte que guardaba la parte civil -izquierda- que se encuentra decorada con elementos naturalistas como árboles cuajados de pájaros y cuadrúpedos que beben o se alimentan de frutos, así como algunos animales mitológicos (véase http://www.elgrutesco.blogspot.com) y, la parte que cerraba la mezquita -derecha-, en donde la decoración animada desaparece por respeto religioso, convirtiéndose en una habitual decoración floral. Una de las características más importantes de esta gran pieza.
