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| Fotografía: José Vallejo, octubre 2011 |
Pero ¿Cómo llegó este techo hasta el Museo Pérgamo de Berlín? La respuesta hay que buscarla en la situación en que se encontraba la Alhambra en el siglo XIX. El recinto de la Alhambra había sido fragmentado en multitud de propiedades a lo largo del tiempo, especialmente desde que su control militar había ido decayendo. Así, a finales del siglo XIX, en 1891 concretamente, la Torre de las Damas pertenecía a un subdito alemán llamado Arthur Gwinner Dreiss que, el 12 de marzo de 1891, otorgó una escritura en Madrid por la que donaba la torre al Estado español, al tiempo que se reservaba algunas partes de la finca que fueron expropiadas poco tiempo después. Es probable que, en ese interludio, el bien mueble que supone el techo, fuera desmontado y trasladado a Alemania, no sin antes documentar exhaustivamente a base de dibujos y calcos la composición del techo, dibujos que luego sirvieron para hacer una reproducción entre 1964 y 1966, que es la que actualmente se encuentra en la Torre de las Damas.
No acaban aquí las peripecias del techo, porque durante la época de la Guerra Fría, al quedar dividido Berlín, se fundaron una serie de museos en la parte occidental, como justo equilibrio cultural sobre la oriental, y se adquirió para el Museum fur Islamiche Kunst, esta magnífica techumbre. Con la reunificación de Alemania y por supuesto de Berlín, las colecciones divididas se han ido reorganizando y la obra nazarí de la Alhambra pasó al Pérgamo cerca de las murallas omeyas de Mshatta, donde es de prever que descansarán en este siglo XXI.

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